HISTORIA DE LOS TÍTERES Y MARIONETAS

 

Origen de las palabras “marioneta”, “títere” y “guiñol”

Los  franceses  y  los  italianos  se  disputan  quién  inventó  la  palabra  “títere”.  Según  los primeros la palabra títere siempre fue francesa. Provendría de la Virgen María, dado que en la Edad Media se hacían representaciones con muñecos en que la Virgen era la protagonista. Primero se llamaron “Petites Maries”,  luego “Mariottes” y, finalmente, “Marionnettes”.

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Los italianos dicen que el origen de la palabra “títere” se encuentra en la antigua fiesta veneciana de las Marías. La fiesta de las Marías conmemoraba la heroica liberación en el siglo X de doce muchachas que habían sido raptadas por unos piratas. Para recordar este acto heroico se celebraban todos los años unas fiestas financiadas por el Dogo, el soberano de Venecia, que duraban ocho días y en los que se casaban doces jóvenes. Con el tiempo, estas fiestas fueron cada vez más lujosas y los trajes de las doncellas más caros, y fue también cada vez mayor la cantidad de dinero que debía pagar el Dogo. Así que el Dogo un año decidió sustituir las muchachas por unos grandes muñecos articulados. A partir de entonces, el Dogo ya no pagaba ningún traje nuevo, sino que sólo tenía que sacar los muñecos de donde los tenía guardados. Los franceses, conocedores de la tradición, copiaron la palabra “María” para aplicarlo a los muñecos articulados y, por último, la transformaron en el diminutivo  “Marionnette”.

La palabra “guiñol”, también es motivo de disputa entre franceses e italianos. Se cuenta que a finales del siglo XVII un dentista llamado Laurent Mourguet, para distraer a sus pacientes del tremendo dolor que les ocasionaba porque en aquellos tiempos todavía no se había inventado la anestesia, representaba pequeñas obras con títeres de guante. Tal fue su éxito que decidió montar un teatro que obtuvo bastante éxito. A las representaciones siempre iba un trabajador de una sedería cuyo personaje preferido era Polichinela, un simpático personaje de la Comedia del Arte italiana. Cada vez que Polichinela hacía algo gracioso, el trabajador no se podía contener y, aplaudiendo, gritaba, “¡C’est guignolant!”. Y de ahí la palabra “guiñol”.

Por otra parte, la palabra “títere” se escapa a la polémica entre franceses e italianos porque es griega. Parece ser que antiguamente los que manejaban los títeres, para indicar sus movimientos, utilizaban un pito que sonaba ti-ti-ti, con un sonido similar al gorjear de algunas aves. Del sonido del pito de los titiriteros procede la palabra “títere”.

En cuanto a la expresión “no dejar títere con cabeza”, su origen está en el Quijote de Miguel de Cervantes.  En cierta ocasión don Quijote estaba viendo una representación de títeres y creyó que los personajes eran reales. Así que cuando uno de los personajes, el enamorado Gaiferos, estuvo en peligro, el Quijote no dudó en salir en su defensa destrozando con su espada a los demás títeres. “No dejar títere con cabeza” se dice cuando se critica a todos por cualquier motivo, o cuando se hace un gran estropicio, o también cuando se trastocan las cosas sin dejar nada bien en su sitio.

Retablo de Maese Pedro

Pero, ¿en qué se diferencian los “títeres”, los “guiñoles” y las “marionetas”? No está muy claro y se suelen dar confusiones. En principio y siguiendo el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), las “marionetas” son muñecos movidos con hilos, mientras que los “guiñoles” son los que  se enfundan en la mano. La palabra “títere” englobaría a los dos tipos de muñecos, esto es, “títere” se refiere indistintamente a marionetas y guiñoles. Una solución aceptable, por tanto, es hablar de títeres de hilo (marionetas) y de títeres de guante (guiñoles).

 

Los títeres en Egipto y Grecia

Los primeros títeres se encontraron en la tumba de Jelmis, una bailarina egipcia. Junto a su momia había un barco que contenía varias figuritas articuladas que podían moverse con hilos. Parece ser que Jelmis, además de bailar, divertía a su público representando escenas con sus muñecos. Se supone que le gustaban tanto que quiso que le acompañaran en su vida del más allá.

Hay quien dice que el origen de los títeres esta en la antigua India. Un relato hindú cuenta que la esposa del dios Shiva creó un títere de mujer tan bello, que prefirió esconderlo en la montaña. Un día en que el dios Shiva paseaba por la montaña, se cumplieron los peores temores de su esposa. El dios Shiva se enamoró perdidamente del títere, le insufló vida y huyeron juntos para vivir su amor.

Titere-romano

Títere romano.
Museo Arqueológico de Tarragona

En Grecia los títeres de hilo alcanzaron mucha fama. Había representaciones en las plazas y en las casas de los particulares. El más famoso de los titiriteros fue Potino, al cual se permitió actuar en el importante teatro de Dionisos. La peculiaridad de los títeres griegos es que delante del escenario se ponía un gritador que era el que se encargaba de contar la acción de los títeres. En Roma también hubo títeres, pero nunca estuvieron tan bien considerados como en Grecia.

 

Los títeres en la Edad Media y el Siglo de Oro

En la Edad Media había representaciones a cargo de los juglares. Los juglares además de cantar, realizar juegos malabares, hacían representaciones con títeres en plazas y en las cortes de los nobles. Las historias que más pedía el público eran los lamentos de damas cautivas en torres, los combates entre caballeros y, sobre todo, las conquistas de castillos. Tanto gustaban los asaltos a los castillos, que los escenarios portátiles de los títeres se llamaron y se siguen llamando “castillos”.

Edad Media

Durante la Edad Media en las iglesias se representaban con títeres escenas basadas en los Evangelios. En muchas de ellas la protagonista era la Virgen María. Fue famoso el drama litúrgico que se representaba en la catedral de Valencia en la que el Espíritu Santo en forma de paloma descendía por medio de una cuerda entre cohetes y derramando lenguas de fuego. Estos efectos especiales no debían de estar muy desarrollados, pues hay noticia de que se produjeron varios incendios.

Había también en las iglesias imágenes articuladas. Por ejemplo, en el Santo Cristo de Burgos había una imagen de Cristo que movía los brazos y la cabeza, y de su costado manaba la sangre que había almacenada en una calabaza. También resulta muy llamativo la imagen del apóstol Santiago en el Real Monasterio de las Huelgas, también en Burgos, cuyos brazos se movían y cuyas manos portaban o bien una espada para investir a los caballeros, o un cetro y una corona para coronar a los reyes.

En el Siglo de Oro español los títeres cobraron un gran auge gracias a la llamada máquina real,  que  no  era  sino  representaciones  de  títeres  de  hilo  en  los  teatros  normales.  Las representaciones de títeres se hacían especialmente en Cuaresma. Ello era debido a que durante los cuarenta y seis días que duraba la Cuaresma estaba prohibido que los actores interpretasen ninguna obra de teatro. En cambio, se permitían las funciones de títeres porque estos no tenían alma. El caso es que los títeres gustaban al público y que, en ocasiones, cosechaban más éxito que las funciones con actores de carne y hueso.

Maquina real

Máquina Real.
Obra representada en Talavera de la Reina

Los títeres de la máquina real llevaban un alambre clavado en la cabeza, mientras que los brazos y las piernas se manejaban con hilos. Los vestidos solían ser muy lujosos y los manejaban varios titiriteros que interpretaban varios personajes a la vez cambiando de voz. En principio, sólo estaban permitidas obras con argumentos religiosos, pero pronto los asuntos profanos fueron los más importantes. Se reprodujo, entonces, la estructura de las obras con personas, esto es, una comedia en tres actos, en los que se mezclaban pequeñas obras como entremeses, loas y bailes.

Al público le gustaba mucho las comedias de capa y espada en las que se sucedían los lances entre los matachines. También eran muy apreciadas las corridas de toros en las que salían guardias de corps, público, carrozas, toreros a caballo, etc.

 

Los títeres desde el siglo XVIII a la actualidad

En el siglo XVIII se introdujo la modalidad de las batallas navales con títeres. Una de estas espectaculares batallas navales se contaba en la obra para títeres La gran toma de Orán en la que tras la batalla contra los barcos ingleses, desembarcaba la infantería para asaltar la fortaleza de la ciudad.

En el siglo XVII en Francia tanto los títeres de mano como los de hilo llegaron a atraer más público que los actores de carne y hueso. Estos protestaron y consiguieron que las autoridades exigieran unos altos impuestos  a los que los titiriteros no pudieron hacer frente. Fue, no obstante, en el siglo XIX cuando la afición por los títeres se hizo imparable. En efecto, los títeres de hilo lograron un notable perfeccionamiento que atrajo a un numeroso público. Fue así como se crearon grandes compañías que recorrían las más importantes capitales del mundo.

Titeres Pergolesi

Un ejemplo de ello fue la compañía de Alfredo Narbón que, a principios del siglo XX, contaba con 300 títeres distintos, más de 300 decorados y 21 titiriteros. Los vestidos de los títeres eran extraordinariamente lujosos. En los movimientos de los títeres se conseguía una gran naturalidad que mantenía encantado al público en las largas obras de tres y cuatro actos. No obstante, la apoteosis de los títeres de hilo llegó con el italiano Vittorio Podrecca y su Teatro del Piccoli. En sus giras por varios continentes a mediados del siglo XX llevaba 1.200 muñecos, 400 decorados, 30 titiriteros y 10 toneladas de equipaje.

Vittorio Podrecca

Después de Vittorio Podrecca, por diferentes causas, entre ellas el perfeccionamiento del cine, los títeres empiezan un largo declive que se pronuncia a partir de los años cincuenta del siglo XX. Aún así, a partir de los años sesenta se renueva el repertorio por completo y surgen compañías que se dedican exclusivamente a representar obras con títeres. Es así como surgen los actuales festivales internacionales de títeres que cuentan con numerosos aficionados.

 

Tradición popular y culta en los títeres

Desde la Edad Media había representaciones de títeres en mesones, mercados y plazas. A veces los títeres eran sólo una parte del espectáculo en el que también había juegos malabares y acrobacias.  De  ahí  que  la  palabra  “titiritero”  también  se  aplique  a  los  artistas  de  circo, especialmente a los ambulantes.

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Los titiriteros trasladaban de un lugar a otro sus decorados y si no, les bastaba con unas grandes capas y sombreros que les servían para taparse de modo que sólo se vieran los títeres. Generalmente no interpretaban a partir de un texto memorizado, sino que improvisaban a partir de unos esquemas más o menos fijos. El personaje más popular era Cristobita, también llamado Polichinela o don Cristobal. A estas obras se las llamaba Títeres de Cachiporra porque siempre acababan en que el ingenioso Cristobita sacaba su porra y la emprendía a porrazos con los otros personajes.

Los títeres gustaban a todos los públicos, incluso los más refinados. En el Siglo de Oro en España los reyes y los aristócratas hacían venir a los titiriteros a sus palacios. A mediados del siglo XVIII el Príncipe Esterházi de Hungría otorgó la dirección de su teatro de títeres a Haydn, el cual compuso diecinueve obras operas y operetas para complacerle. Otro músico que compuso obras para títeres fue el compositor alemán Gluck.

Titeres Lorca

Títere de cachiporra
de Federico García Lorca

En el siglo XIX el gusto por los títeres estaba tan extendido que Lord Byron afirmó de modo tajante: “El que no ama a los títeres no es digno de vivir”. La escritora francesa George Sand fue famosa por su afición a los títeres y juntó más de doscientos. Con ella colaboraron artistas tan importantes como el pintor Delacroix, el músico Liszt y escritores como Musset y Honoré de Balzac.

A principios del siglo XX en el barrio de Montmartre en París, en locales minoritarios, se representaban con títeres obras de Shakespeare, Aristófanes y Cervantes. Con la llegada del modernismo y de las vanguardias el interés por los títeres se renovó de forma importante entre los intelectuales. Un autor que destacó por sus obras para títeres fue Valle Inclán. Los autores de la generación del 27 que compusieron obras para títeres fueron Rafael Alberti y Federico García Lorca.

Festival

Es conocida la afición de Federico García Lorca por los títeres desde que era niño, Compuso para ser representado con títeres Amor de don Perlimplín con Belisa en su jardín, La zapatera prodigiosa y  La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón. Lorca tenía la intención de incluir funciones de títeres en sus giras teatrales con la compañía de teatro popular la Barraca.

En algunas obras para títeres de Lorca colaboró el músico Manuel de Falla. Por su parte, Manuel de Falla, por encargo de la princesa de Polignac, compuso una farsa para títeres titulada El retablo de Maese Pedro basado en el Quijote que se representó en muchos teatros.

 

 

ENLACES

 . Titerenet. Página web de referencia en castellano. Si se quiere información sobre títeres en Hispanoamérica, este es el sitio al que hay que acudir primero.

 . The puppertry Home page.  Aunque en inglés, es una de las páginas webs más importantes sobre  títeres. Contiene numerosa información y la promesa de que sirve para ayudar a todos los interesados en este arte.

 . L´ombre chinoise.  En esta página web se afirma que el origen de los títeres está en Asia y se demuestra con una preciosa y cuidada exposición.

Titeres personas

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