LAZARILLO DE TORMES. Explicación

EXPLICACIÓN: EL LAZARILLO DE TORMES

LOS BUENOS: HIPÓCRITAS Y ACOMODADOS

          Señor, yo determiné arrimarme a los buenos.  Es la contestación que da Lázaro al arcipreste de San Salvador.

            – Lázaro de Tormes, quien ha de mirar a dichos de malas lenguas, nunca medrará. Digo esto porque no me maravillaría alguno, viendo entrar en mi casa a tu mujer y salir della. Ella entra muy a tu honra y suya, y esto te lo prometo. Por tanto, no mires a lo que pueden decir, sino a lo que te toca, digo a tu provecho».

   – Señor -le dije-, yo determiné de arrimarme a los buenos (…)

         Pero, ¿quiénes son los buenos? ¿Cuál es el mensaje final de la obra? ¿Qué ha aprendido Lázaro a lo largo de su vida?

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         Lázaro ha aprendido que para disponer de dinero y una vejez asegurada, lo mejor es conseguir un buen trabajo. Por lo tanto, los buenos son las personas acomodas y los que trabajan, y no los ladrones ni los criminales.

         Lo segundo y lo más importante, es que los buenos saben mirar a otro lado cuando les conviene. Lo esencial para los buenos es su propio interés. Su gran preocupación es el beneficio propio y no la moral. 

         Como dice Lázaro en el último tratado, está agradecido al ciego por lo mucho que le enseñó. Del ciego aprendió a vivir con astucia. De sus otros amos (el buldero, el escudero y los clérigos) no aprendió valores como la justicia, la solidaridad, la sinceridad o la valentía, sino que es lícito aprovecharse de los demás. En realidad, los buenos son unos hipócritas.   

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         Los buenos sólo se inmutan sí les tocan sus propios intereses. No les afecta en absoluto la injusticia que hay a su alrededor. Como decía Martin Luther King, el cual fue asesinado por defender los derechos de los negros en Estados Unidos: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que me preocupa es el silencio de los buenos”. 

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SAN MANUEL BUENO MÁRTIR. EXPLICACIÓN

 DE NUEVO, EL DESASTRE DEL 98

 En la actualidad las ideas de la Generación del 98 vuelven a estar de actualidad. España junto con los demás países mediterráneos (Grecia, Italia y Portugal) se encuentran en una gran crisis económica. Los pueblos del norte, especialmente los germanos y los anglosajones, ven a estos países como un lastre por su incapacidad para progresar económica y socialmente. 

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La certeza de que España estaba atrasada era muy clara desde los escritores realistas. Había un complejo de inferioridad con respecto a los pueblos del norte que estaban en auge y se mostraban orgullosos de sus avances económicos y científicos (En 1905 se traduce La decadencia de los pueblos latinos de G. Sergi).

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El 13 de febrero de 1901 varios escritores se congregan en la tumba de Larra, el periodista del siglo XIX. Allí Azorín habla de “este espíritu castellano, errabundo, tormentoso, desasosegado, trágico…, amargado por este perpetuo no saber”. En general se piensa que los españoles pertenecen a una casta cuyas características les conducen al fracaso. Según la Generación del 98, los castellanos son:    

  • Individualistas. Pero el individualismo les lleva a no respetar las reglas sociales y a aceptar figuras autoritarias. Más que anarquistas, los españoles son alegales, porque viven con sus propias reglas al margen de la ley, y absolutistas, dado que  el vacío que deja su falta de espíritu democrático lo llena el más fuerte.
  • Lo quieren conseguir todo rápidamente y no por medio del esfuerzo y del trabajo.
  • Orgullosos, con necesidad de ostentar despilfarrando.
  • En las ideas son demasiado categóricos y polarizadores, es decir, obstinados en que sus ideas son buenas y los demás se equivocan (Unamuno, En torno al casticismo).
  • Envidiosos.
  • Poco dados a innovaciones.

Los castellanos, en definitiva, son personajes quijotescos. Idealistas capaces de grandes e inútiles gestas, pero no de trabajar con constancia. (Unamuno, Vida de don Quijote y Sancho).

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BODAS DE SANGRE. EXPLICACIÓN

LA CONDICIÓN DE LA MUJER EN BODAS DE SANGRE

Se puede decir que el teatro de Lorca es un teatro feminista, en cuanto que en la mayoría de sus obras la mujer ocupa un puesto central. De hecho retrata a mujeres condenadas a la esterilidad y a la frustración vital. En las obras de Lorca las mujeres se sitúan junto a los marginados e indefensos (gitanos, niños, negros y moriscos). Las mujeres representan la inocencia y la pasión más elemental.

Bodas de sangre explicacionEn Bodas de sangre se denuncia la situación de la mujer.  Están aprisionadas por la honra y no tienen más expectativas que casarse y tener hijos.

Bodas de sangre encierra un complejo mundo temático, que va desde la presencia de la tierra y el mundo rural hasta el significado trascendente y simbólico del amor y la muerte. Entre estos dos polos encontramos también el tema de la venganza y la honra y el papel de la mujer en un entorno social tradicional como es el del campo.

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Como en otras obras de Lorca, el personaje femenino es el hilo conductor de las tramas y conflictos y guarda los valores principales. De esta manera los personajes femeninos de la novia, la madre y la mujer constituyen un triángulo unido por el final de la tragedia: una soledad de muerte desciende sobre ellas por el resto de su vida. La madre se ha quedado sin su hijo, la novia sin su amante o esposo, y la mujer sin su marido.     

Al final, la novia se acerca a la madre porque van a compartir con ella una vida agobiante y sin sentido. Ambas están condenadas y ellas lo admiten con desgarro. Sin hombres y sin hijos no son nada.

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EL SÍ DE LAS NIÑAS. Explicación

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EL AMOR EN LA ILUSTRACIÓN

En plena crisis de la institución del matrimonio, los ilustrados se encontraron con un hecho muy llamativo: los jóvenes querían imperiosamente casarse con la persona que habían elegido ellos mismos, y para ello estaban dispuestos a correr todo tipo de riesgos. Los ilustrados aceptaron de buen grado ese deseo, sólo que adaptándolo al beneficio de la sociedad.

La muestra más clara de la crisis del matrimonio en el siglo XVIII era el cortejo. El cortejo era el acompañante necesario de una dama. En una reunión social estaba mal visto que el marido cogiera la mano a su mujer, pero estaba bien considerado  que la mujer paseara del brazo de su cortejo. Las mujeres elegían a su cortejo cuidadosamente entre  varios  candidatos.  La  gran  diferencia  con  su  marido  consistía  en  que  podían prescindir de él a su antojo.

siLos  matrimonios   en  el  siglo  XVIII,  como  había  sucedido  durante  siglos,  se concertaban, esto es, los padres elegían con quien debían casarse sus hijos para así unir las familias y los patrimonios. Aunque los padres solían buscar parecidos caracteres  para  que  la  pareja  fuera  estable,  en  realidad,  la  única  exigencia  era  que tuvieran hijos que a su vez heredasen el patrimonio. En el siglo XVIII se daba por hecho que tanto la mujer como el hombre cumplirían con este requisito, pero también que cada uno viviría su propia vida. Esto se manifestaba en la construcción de las casas de los más pudientes.  De hecho, la mujer y el hombre accedían por puertas independientes a su propias estancias.

En la España  del siglo XVIII, uno de los países  en los que la Inquisición  seguía actuando, se abrían brechas en la institución del matrimonio. Se daban situaciones extravagantes como que se veía de forma natural que se formalizase, al igual que el matrimonio,  la relación  con  el cortejo  o  con la amante.  Por  ejemplo,  Manuel  Godoy, primer ministro del rey Carlos IV se casó en secreto con su amante Pepita Tudó  y de forma oficial con María Teresa de Borbón.

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Sin embargo, el amor salió a escena con fuerza. Ahora, fundamentalmente en las novelas, se mezclaban dos conceptos hasta ahora separados: el matrimonio y el amor. Los ilustrados le dieron la bienvenida sin disimulos. La pasión era buena, siempre que se recondujera adecuadamente. Estaban de acuerdo con que los jóvenes se casaran según su elección. Solamente que con ciertas condiciones. Este es el mensaje que se trata de transmitir en El sí de las niñas, de Leandro Fernández de Moratín.

La primerísima condición era que contasen con la autorización de los padres. Otra condición era que se unieran parejas de parecida edad y jóvenes con el fin de asegurar la descendencia. Y, finalmente, que fueran de semejantes en educación y clase social para que la pareja fuera estable.

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Con el paso del tiempo y en pleno siglo XXI, el modelo de matrimonio que propusieron los ilustrados sigue vigente. Están mal vistos los matrimonios entre personas de diferente edad y los matrimonios se celebran de forma habitual entre personas de igual educación y condición social. Sin embargo, la  autoridad  de  los  padres  está  más  cuestionada. Ahora  los  padres despliegan mil estrategias para que sus hijos hagan la mejor elección posible. Saben perfectamente que si sus hijos eligen bien con quien casarse y consiguen un buen trabajo, tendrán  una  vida  razonablemente  feliz.  El gran  problema  es  el  de  siempre,  que  se interponga en el camino de sus hijos el loco amor.

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